sábado, 23 de octubre de 2010

EL SENDERO DE LA MUERTE (Slaughter Trail). 1951. Valoración: 5,70



Tres hombres blancos asaltan una diligencia y, con la ayuda de la mujer que viaja en ella, además de asesinar a un ayudante, roban.
Ellos se dan a la fuga y en un momento dado atacan a un grupo de pacíficos indios navajos para robarles caballos frescos.
Desde ese momento, los navajos, que hasta ahora vivían pacíficamente con los blancos, no cejan en su empeño por atrapar y matar a los criminales.
Sin embargo, la mujer que les ayudó y más tarde los tres hombres, buscarán refugio en un fuerte, con lo que pondrán en peligro la vida de los soldados y sus familias.




Convencional western de serie B, realizado con no mucha convicción y menos imaginación por Irving Allen, que aquí todavía estaba aprendiendo, siendo años más tarde uno de los adalides del cine fantástico y, sobre todo, del género de catástrofes.
Pero la película, al menos, no molesta pues es corta de duración y las escenas de acción están bien resueltas.
El resto está hecho de rellenos, intercalando canciones a cargo de un soldado cantarín que por muchas balas que haya alrededor no acaban con él, para desesperación del espectador; amén de dos o tres números humorísticos a cargo del gran Andy Devine, excelente actor que trabajó un buen número de veces con el gran John Ford. El, junto con otro soldado espigado y con cara de poco listo, tiene dos o tres escenas más o menos graciosas y una en concreto, una partida de póker, realmente divertida.
Por lo demás, poca cosa, mariposa.

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